Listeriosis porcina

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La listeriosis porcina o enfermedad de la marcha en círculos, como comúnmente se le conoce, es una enfermedad producida por la bacteria Listeria monocytogenes, que afecta principalmente los sistemas digestivo y nervioso central.

                La listeria monocytogenes se encuentra en todo el mundo, ya que está distribuida en la naturaleza: tanto en el suelo, como en el agua y las plantas. También es fácil hallarla en los alimentos, las aguas residuales, las heces de los animales e incluso en las heces de personas sanas.

                Se trata de una bacteria que se caracteriza por ser resistente a temperaturas que oscilan entre los 4° y los 44° C, razón por la que no resulta muy sencilla su erradicación ya que sobrevive incluso en las neveras y frigoríficos.

Además, diversos estudios han demostrado que ésta bacteria también puede encontrarse plácida en ensilajes (forraje mediante bacterias que producen ácido láctico y ayudan a la preservación de los alimentos) que contienen un pH levemente ácido.

Sintomatología

                Existe una gran variedad de especies animales que pueden convertirse en portadores de la listeriosis: aves de corral, ovejas, perros y gatos, ganado vacuno, etc. Sin embargo, los síntomas varían dependiendo de la especie en cuestión.

                Los animales rumiantes presentan signos de la enfermedad en el sistema nervioso central. Por su parte, los perros, gatos, conejos y cerdos con listeriosis desarrollan infecciones en la sangre y ciertos órganos.

                Sin embargo, hay una incidencia que resulta común en todos los ejemplares femeninos que padecen de esta enfermedad: abortos involuntarios, y muertes de las crías en sus primeros días de nacidos.

                En el caso del ganado, la infección puede localizarse en el tronco cerebral, y causar la inflamación del encéfalo, además de un notorio y perenne estado de somnolencia.

                Al comienzo de la infección, se aprecia una pérdida considerable de peso, desánimo, desorientación al caminar, cansancio, constante uso de las paredes y esquinas como apoyo para mantenerse de pie, y marcha en círculos.

                Conforme la listeriosis avanza, los ejemplares afectados por la bacteria pueden incluir sufrir una parálisis facial que afecte un solo lado de la cara, ocasionando la caída de párpado y oreja, hocico desviado y poca tonificación en el labio.

                Además de la dificultad para mantenerse en pie, los cerdos con listeriosis porcina tienden a mostrar cierto tipo de desorientación y desequilibrio al levantarse de forma repentina. Mientras está echado o reposando, es posible que experimente movimientos involuntarios de carrera.

Transmisión de la enfermedad

La listeriosis porcina puede contagiarse entre ejemplares, mediante la inhalación o ingesta de la bacteria en cuestión. Las lesiones bucales de los animales que entran en contacto con el heno, ensilaje o pasto contaminado con la bacteria, sirven como entrada de ésta al organismo.

La transmisión a humanos puede darse a través de diversas vías, siendo la principal la penetración al organismo tras la ingesta de alimentos contaminados con ésta bacteria. Esto se debe a que la listeria monocytogenes se encuentra presente en los productos lácteos, la carne cruda, pescados ahumados, aves de corral, mariscos, entre otros.

                Y por si esto fuera poco, también es posible hallarla en alimentos de origen vegetal que no han sido manipulados de forma adecuada, es decir, higiénica.

Tratamiento de la listeriosis

                El medicamento más recomendado para hacer frente a la listeriosis porcina es la penicilina G. De ella se acostumbra suministrar 40.000 UI/kg de peso corporal del ejemplar, por vía intramuscular, entre 3 y 4 veces diarias por un período de 7 días, seguida de una dosis diaria de 22.000 UI/kg, por 14-21 días adicionales.

                Otros antibióticos que resultan efectivos para tratar esta infección son: trimetoprim, eritromicina, sulfonamida y ceftiofur, todos acompañados de abundantes cantidades de líquido y electrolitos suministrados por vía intravenosa, en caso de que el animal esté renuente a ingerir alimentos y bebidas.

¿Cómo prevenirla?

                Una de las principales medidas de prevención es evitar que los animales consuman ensilaje putrefacto. El ensilado de maíz antes de que alcance su mayor estado de madurez, y el ensilaje de hierba con aditivos poseen un pH lo suficientemente ácido para impedir la reproducción de la bacteria.

                Aunado a eso, también se puede evitar ofrecer a los animales alimentos duros y ásperos que puedan ocasionarles lesiones en la boca.

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